Excelencia Operacional

Excelencia Operacional

En una economía cada vez más volátil y competitiva, sólo las empresas más ágiles y rápidas en adaptarse a los estímulos del mercado son capaces de prosperar año tras año. Hacerlo es un desafío y, de hecho, sólo el 10% de las empresas que entraron en el listado de Fortune 500 en 1955 siguen en este listado actualmente ¿Qué distingue a este conjunto de empresas que se han mantenido en el liderazgo durante décadas? Hay varios factores, pero sin duda uno de ellos es la Excelencia Operacional.

¿Qué es la excelencia operacional?

La Excelencia Operacional suele definirse como la simple y única mejora de todas las operaciones, a través de la ejecución de proyectos centrados en la mejora de los costes. Es importante señalar que las operaciones abarcan no sólo las áreas más transaccionales, como la producción, la logística, las compras, el mantenimiento o la calidad, sino también todas las demás áreas, desde ventas, hasta investigación, desarrollo o el departamento financiero. Además, es importante destacar que los proyectos que buscan la excelencia no sólo están relacionados con el coste, sino con todos los componentes relacionados con el negocio de una organización, llamados GQCDM, es decir, Growth (crecimiento), Quality (calidad), Cost (coste), Delivery (servicio) y Motivation (motivación). Así, es posible caracterizar la excelencia en las operaciones como la búsqueda continua de la mejora de toda la parte operativa de una empresa. Esto supone dos enfoques: la mejora continua, gradual y diaria en todos los equipos de una organización y la mejora puntual, disruptiva, planificada y enfocada en determinadas áreas con un objetivo específico y ambicioso.

Principios del cambio

A lo largo de este viaje hacia la excelencia, habrá muchas situaciones en las que será necesario cambiar. Para que esto ocurra con éxito, es esencial que se transforme, antes que nada, en una prioridad estratégica. Por lo tanto, debería incluirse en la Política de Despliegue de la Estrategia y fijarse objetivos claros. Sólo así se conseguirá que todas las personas de los distintos ámbitos de la organización comprendan la necesidad e importancia de este cambio, garantizando la participación y el compromiso a todos los niveles de la organización. 

Una vez definida como prioridad estratégica durante un periodo de tiempo determinado, es importante que se lleven a cabo dos tipos de cambio: la realización de proyectos para cambiar el Gemba (terreno/lugar donde se desarrolla la acción) y el establecimiento de nuevos comportamientos en los diferentes equipos. Además, hay que crear agentes de cambio virales, capaces de influir positivamente en la organización en esta transformación. Esto se consigue poniendo en marcha proyectos piloto de éxito que representen la visión estratégica e involucrar los directivos y líderes de equipo.

Por último, el cambio de comportamiento es un proceso difícil y extenso, por lo que debe hacerse en pequeños pasos, involucrando a los distintos equipos de la organización y siguiendo un modelo de despliegue claro y adecuado a su tamaño. En el momento del despliegue, es fundamental garantizar un buen seguimiento de los distintos equipos, en particular mediante frecuentes sesiones de coaching, y la celebración de sesiones de trabajo prácticas, enfocadas y muy inspiradoras con varias personas de distintas áreas.

El papel del liderazgo

La adopción de los distintos principios del cambio y, por tanto, el éxito de este viaje depende directamente del papel activo del liderazgo. Por ello, el liderazgo debe estar presente en el Gemba, para entender las preocupaciones de los miembros del equipo y participar en la creación de las soluciones. La divulgación a los equipos debe ser una prioridad y planificarse con elevada frecuencia, ya que esto también contribuye a mejorar la moral de los trabajadores y el sentimiento de reconocimiento. 

La mejora necesita continuidad, no existe algo que no sea suficientemente bueno. Los líderes y las organizaciones deben hacer de su búsqueda de la mejora un hábito, un asunto cotidiano. Para lograrlo, deben considerar a todos los trabajadores, en todos los niveles de la organización, como la fuente para mantener el éxito. La creación de una cultura adecuada promoverá equipos autónomos, motivados y capacitados. Sólo así será posible lograr un crecimiento sostenido y continuo, año tras año.

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